miércoles, 30 de noviembre de 2011
La moderna antigüedad de Yungay
- Impulsado por su propia gente y la municipalidad, este pintoresco sector de la comuna de Santiago responde a las necesidades del mundo actual manteniendo su fachada arcaica.
- Cultura, alojamiento y gastronomía son sólo algunos de los puntos más importantes que lo alzan como un sitio digno de visitar.
Es muy difícil que a uno no le suene el barrio Yungay cuando alguien lo nombra, es uno de esos clásicos lugares que uno sabe que existen pero que posiblemente nunca ha visitado. Lo primero que hay que saber para hacerse una idea, es que está ubicado en el poniente de Santiago Centro, custodiado por las estaciones de metro Cumming y Quinta normal. Lo segundo es que en los últimos años, ha irrumpido como un sector muy interesante, capaz de independizarse del barrio Brasil y con una diversidad de atractivos que hace también diverso el público que lo habita y visita. Si uno recorre las calles que lo conforman apreciará un barrio más bien tranquilo, cuidado y antiguo, pero si vemos más allá de la fachada de Yungay, nos encontraremos con harto más que eso.
Tal vez por tener como un gran centro de recreación y junta de la vecindad a la Plaza del roto chileno uno establece un vínculo guachaca con Yungay, porque es un lugar que reúne los significados comunes de la idiosincrasia nacional idealista, como lo son el esfuerzo, las ganas de crecer y la búsqueda de vivir en un lugar próspero donde se desarrollen actividades que fomenten la vida en comunidad. En ese lugar, además, se encuentra toda la información que uno se imagine sobre el barrio. Genera una tolerancia general, y no es de extrañar, que en siglos anteriores fuera la cuna de la aristocracia pues la apariencia no la ha perdido, sólo que sus habitantes sí podrían ser considerados como parte de la clase media.
Siendo concretos y dejando todo el "bla bla" de lado, lo que hace peculiar a este sitio de Santiago es que reúne múltiples servicios para poder mantener el equilibrio entre la estética y la utilidad. Plazas., restaurantes, iglesias, hostales, centros culturales, colegios, edificios de interés, teatro, etc... confluyen en un barrio de no más de diez cuadras a la redonda. Y evidentemente, todos se generan ganancias entre sí, porque a medida que se alza como un sitio cada vez más turístico, va a crecer la cantidad de hostales, y porque mientras mantenga su esencia y tranquilidad, seguirá siendo un lugar donde sus residentes cambien muy poco, generando una estabilidad que le permite a los colegios instalarse con confianza. El barrio Yungay está consolidado y muestra de ello son las palabras de Leticia Morales, quien ha habitado el lugar durante ya varias décadas. "Sabe lo que pasa mijito, es que aquí todos nos preocupamos de que la cosa crezca, incluso la gente que viene de otros sectores a trabajar acá termina encariñándose con el barrio y quienes vivimos aquí somos parte del", señaló la mujer con un claro tono de pertenencia. Misma visión tiene Angélica Durán, mujer que eso sí, es relativamente nueva en el barrio, argumentando que "yo no llegué hace tanto tiempo acá, pero uno que ha vivido en el centro igual sabía que era un lugar tranquilo, lleno de cosas de cultura, rara vez pasan cosas malas aquí". Pocas, pero pasan, hace no más de un mes se quemó una caseta de seguridad, lo que sin embargo no alcanza a empañar la fuerza con que el barrio se ha pronunciado en el conflicto estudiantil, sobre todo en los cacerolazos masivos.
Es así entonces, como este viejo lugar comienza paulatinamente a surgir con la frescura de uno que está recién empezando, pero con la experiencia de uno que ha pasado por todos los cambios de nuestra sociedad. No es coincidencia que las juntas vecinales estén tan preocupadas de mantener vigente el patrimonio arquitectónico del lugar, porque al final, es lo que le da la mística a servicios que en otro lugar no tendrían el mismo peso.
- Cultura, alojamiento y gastronomía son sólo algunos de los puntos más importantes que lo alzan como un sitio digno de visitar.
Es muy difícil que a uno no le suene el barrio Yungay cuando alguien lo nombra, es uno de esos clásicos lugares que uno sabe que existen pero que posiblemente nunca ha visitado. Lo primero que hay que saber para hacerse una idea, es que está ubicado en el poniente de Santiago Centro, custodiado por las estaciones de metro Cumming y Quinta normal. Lo segundo es que en los últimos años, ha irrumpido como un sector muy interesante, capaz de independizarse del barrio Brasil y con una diversidad de atractivos que hace también diverso el público que lo habita y visita. Si uno recorre las calles que lo conforman apreciará un barrio más bien tranquilo, cuidado y antiguo, pero si vemos más allá de la fachada de Yungay, nos encontraremos con harto más que eso.
Tal vez por tener como un gran centro de recreación y junta de la vecindad a la Plaza del roto chileno uno establece un vínculo guachaca con Yungay, porque es un lugar que reúne los significados comunes de la idiosincrasia nacional idealista, como lo son el esfuerzo, las ganas de crecer y la búsqueda de vivir en un lugar próspero donde se desarrollen actividades que fomenten la vida en comunidad. En ese lugar, además, se encuentra toda la información que uno se imagine sobre el barrio. Genera una tolerancia general, y no es de extrañar, que en siglos anteriores fuera la cuna de la aristocracia pues la apariencia no la ha perdido, sólo que sus habitantes sí podrían ser considerados como parte de la clase media.
Siendo concretos y dejando todo el "bla bla" de lado, lo que hace peculiar a este sitio de Santiago es que reúne múltiples servicios para poder mantener el equilibrio entre la estética y la utilidad. Plazas., restaurantes, iglesias, hostales, centros culturales, colegios, edificios de interés, teatro, etc... confluyen en un barrio de no más de diez cuadras a la redonda. Y evidentemente, todos se generan ganancias entre sí, porque a medida que se alza como un sitio cada vez más turístico, va a crecer la cantidad de hostales, y porque mientras mantenga su esencia y tranquilidad, seguirá siendo un lugar donde sus residentes cambien muy poco, generando una estabilidad que le permite a los colegios instalarse con confianza. El barrio Yungay está consolidado y muestra de ello son las palabras de Leticia Morales, quien ha habitado el lugar durante ya varias décadas. "Sabe lo que pasa mijito, es que aquí todos nos preocupamos de que la cosa crezca, incluso la gente que viene de otros sectores a trabajar acá termina encariñándose con el barrio y quienes vivimos aquí somos parte del", señaló la mujer con un claro tono de pertenencia. Misma visión tiene Angélica Durán, mujer que eso sí, es relativamente nueva en el barrio, argumentando que "yo no llegué hace tanto tiempo acá, pero uno que ha vivido en el centro igual sabía que era un lugar tranquilo, lleno de cosas de cultura, rara vez pasan cosas malas aquí". Pocas, pero pasan, hace no más de un mes se quemó una caseta de seguridad, lo que sin embargo no alcanza a empañar la fuerza con que el barrio se ha pronunciado en el conflicto estudiantil, sobre todo en los cacerolazos masivos.
Es así entonces, como este viejo lugar comienza paulatinamente a surgir con la frescura de uno que está recién empezando, pero con la experiencia de uno que ha pasado por todos los cambios de nuestra sociedad. No es coincidencia que las juntas vecinales estén tan preocupadas de mantener vigente el patrimonio arquitectónico del lugar, porque al final, es lo que le da la mística a servicios que en otro lugar no tendrían el mismo peso.
“Rey del lomito” se corona en Yungay
· A pesar de tener sólo 5 años, la Fuente Mardoqueo se alza como uno de los sitios más emblemáticos junto a la peluquería francesa.
· Su dueño procura ser el mejor en su especialidad y en el barrio asumen la importancia del local.
Hace rato que Yungay está haciendo ruido. Además de los lugares clásicos como Yungay Viejo o la Peluquería Francesa, hay uno que paulatinamente asume protagonismo y que tanto dentro como
fuera del barrio está ganando popularidad: la Fuente Mardoqueo. Ya no es de extrañar que este restaurante que sólo vende sándwich y que lleva cinco años en el sector sea capaz recibir hasta 500 personas diarias. A media cuadra de la plaza del “Roto chileno”, frente al Club de Abstemios de Chile, se encuentra el toque bávaro que a Yungay le hacía falta y que necesitó sólo media década para instalarse con una propiedad que pocos alcanzan.
fuera del barrio está ganando popularidad: la Fuente Mardoqueo. Ya no es de extrañar que este restaurante que sólo vende sándwich y que lleva cinco años en el sector sea capaz recibir hasta 500 personas diarias. A media cuadra de la plaza del “Roto chileno”, frente al Club de Abstemios de Chile, se encuentra el toque bávaro que a Yungay le hacía falta y que necesitó sólo media década para instalarse con una propiedad que pocos alcanzan. “Los mejores lomitos de Chile”. La frase pertenece al dueño de la fuente, Gustavo Peñafiel, quien muestra un orgullo tremendo al hablar del lugar. Se autodenomina “Don Mardoqueo” y asume no tener una verdadera competencia en el lugar. Lo mismo cree Adrían Acevedo, hombre que atiende un local de pollos asados a menos de una cuadra argumentando que “apuntamos a personas distintas”. Peñafiel asegura que su local tiene una importancia que trasciende a lo gastronómico. “Creemos formar parte importante de un barrio que se muestra como emergente, porque está renaciendo, Yungay es un lugar que que día a día está creciendo y nosotros asumimos ese compromiso, es por eso que permanecemos siempre en contacto con la gente de Yungay”, dice el hombre con unos lomitos demás en el cuerpo.
Juan Ulloa es dueño de la botillería “El Triunfo”, que atiende a dos cuadras del local, y no desconoce la importancia que recogido la fuente en el lugar. “Es que es un sito muy agradable, el lugar es simpático y vas generando amistades, si en realidad hay una gran cantidad de gente que se va repitiendo en la semana”, asegura el hombre de unos 40 años y que cuando anda “rajado” invita a su compadre de pega Carlos Muñoz, quien espera diariamente que su jefe se ponga con el almuerzo. “Obvio que me gusta que me invite, aunque le intente pagar no me deja así que hay que rezar pa’ que ande bondadoso” asevera un risueño y joven Muñoz. En lo único que reparan ambos, es en los precios de la fuente, aunque indican que en ningún caso es un impedimento para que el lugar valga la pena. “Si por un cuarto de la plata te comprai el mismo lomito en un carrito, la cosa es que aquí también te cobran por la gracia de lugar, que parece un museo” cuenta Ulloa, quien de pasada aprovecha de hacerle propaganda a su emergente botillería del sector. No es coincidencia, en todo caso, que muchos relacionen a la fuente con un museo, pues “Don Mardoqueo” confidenció que colecciona objetos como máquinas de escribir o cámaras hace 26
años y que se ha transformado prácticamente en un estilo de vida.
años y que se ha transformado prácticamente en un estilo de vida. Pero la Fuente Mardoqueo no es sólo un fenómeno como local gastronómico, también cumple un rol relevante como un sitio capaz de atraer la atención de las personas y ayudar a que Yungay siga creciendo como barrio. Pablo Osorio forma parte de entidad del barrio y entiende que lugares como éste “le suben el pelaje al barrio” y que si bien “es un poco caro y genera una cierta segmentación entre los residentes, es un sitio que se está consolidando y que nadie que viva o pase por acá desconoce”. Fabrizio Cannepa forma parte de la asociación de locatarios y emprendedores del barrio y concuerda con Osorio. “El lugar es a toda raja y Don Gustavo, el dueño, representa la sangre “guachaca” de quienes viven en el barrio porque partió de la nada y ahora tiene tremendo local”. También tuvo palabras, en todo caso, para los precios del lugar diciendo que “nadie puede negar que es de los lugares más caros de Yungay, pero no es el único que tiene esos precios y yo doy fe de que vale la pena pagar 3 lukas por comerse un lomito en la Fuente Mardoqueo”.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

