- Impulsado por su propia gente y la municipalidad, este pintoresco sector de la comuna de Santiago responde a las necesidades del mundo actual manteniendo su fachada arcaica.
- Cultura, alojamiento y gastronomía son sólo algunos de los puntos más importantes que lo alzan como un sitio digno de visitar.
Es muy difícil que a uno no le suene el barrio Yungay cuando alguien lo nombra, es uno de esos clásicos lugares que uno sabe que existen pero que posiblemente nunca ha visitado. Lo primero que hay que saber para hacerse una idea, es que está ubicado en el poniente de Santiago Centro, custodiado por las estaciones de metro Cumming y Quinta normal. Lo segundo es que en los últimos años, ha irrumpido como un sector muy interesante, capaz de independizarse del barrio Brasil y con una diversidad de atractivos que hace también diverso el público que lo habita y visita. Si uno recorre las calles que lo conforman apreciará un barrio más bien tranquilo, cuidado y antiguo, pero si vemos más allá de la fachada de Yungay, nos encontraremos con harto más que eso.
Tal vez por tener como un gran centro de recreación y junta de la vecindad a la Plaza del roto chileno uno establece un vínculo guachaca con Yungay, porque es un lugar que reúne los significados comunes de la idiosincrasia nacional idealista, como lo son el esfuerzo, las ganas de crecer y la búsqueda de vivir en un lugar próspero donde se desarrollen actividades que fomenten la vida en comunidad. En ese lugar, además, se encuentra toda la información que uno se imagine sobre el barrio. Genera una tolerancia general, y no es de extrañar, que en siglos anteriores fuera la cuna de la aristocracia pues la apariencia no la ha perdido, sólo que sus habitantes sí podrían ser considerados como parte de la clase media.
Siendo concretos y dejando todo el "bla bla" de lado, lo que hace peculiar a este sitio de Santiago es que reúne múltiples servicios para poder mantener el equilibrio entre la estética y la utilidad. Plazas., restaurantes, iglesias, hostales, centros culturales, colegios, edificios de interés, teatro, etc... confluyen en un barrio de no más de diez cuadras a la redonda. Y evidentemente, todos se generan ganancias entre sí, porque a medida que se alza como un sitio cada vez más turístico, va a crecer la cantidad de hostales, y porque mientras mantenga su esencia y tranquilidad, seguirá siendo un lugar donde sus residentes cambien muy poco, generando una estabilidad que le permite a los colegios instalarse con confianza. El barrio Yungay está consolidado y muestra de ello son las palabras de Leticia Morales, quien ha habitado el lugar durante ya varias décadas. "Sabe lo que pasa mijito, es que aquí todos nos preocupamos de que la cosa crezca, incluso la gente que viene de otros sectores a trabajar acá termina encariñándose con el barrio y quienes vivimos aquí somos parte del", señaló la mujer con un claro tono de pertenencia. Misma visión tiene Angélica Durán, mujer que eso sí, es relativamente nueva en el barrio, argumentando que "yo no llegué hace tanto tiempo acá, pero uno que ha vivido en el centro igual sabía que era un lugar tranquilo, lleno de cosas de cultura, rara vez pasan cosas malas aquí". Pocas, pero pasan, hace no más de un mes se quemó una caseta de seguridad, lo que sin embargo no alcanza a empañar la fuerza con que el barrio se ha pronunciado en el conflicto estudiantil, sobre todo en los cacerolazos masivos.
Es así entonces, como este viejo lugar comienza paulatinamente a surgir con la frescura de uno que está recién empezando, pero con la experiencia de uno que ha pasado por todos los cambios de nuestra sociedad. No es coincidencia que las juntas vecinales estén tan preocupadas de mantener vigente el patrimonio arquitectónico del lugar, porque al final, es lo que le da la mística a servicios que en otro lugar no tendrían el mismo peso.
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